El Código Deontológico de los Graduados Sociales (II)

En la primera parte de este tema hablaba del deber del Graduado Social de cumplir el código deontológico como un camino para alcanzar el éxito profesional. Porque en cualquier profesión las acciones de unos pocos individuos influyen en la percepción del conjunto de los profesionales en todo su entorno, en toda la sociedad. Y si esas acciones cumplen las normas deontológicas la reputación de todos los profesionales Graduados Sociales será positiva, serán percibidos por los ciudadanos como merecedores de su confianza ante las situaciones que se le planteen tanto en sus relaciones laborales como en asuntos relacionados con la Seguridad Social.

Pero si unos pocos individuos dejan a un lado las normas que, en virtud de su propio juramento cuando se colegian en su Colegio Oficial de Graduados Sociales, han prometido o jurado cumplir, entonces la reputación de todo el colectivo se verá perjudicada. Podríamos decir que las acciones de unos pocos colegiados pueden decidir el prestigio de todo el colectivo. Ante comportamientos faltos de ética y profesionalidad todo Graduado Social debería actuar de inmediato, acudiendo al Colegio Profesional correspondiente donde la Comisión encargada de dirimir estas cuestiones abrirá un expediente y resolverá en base a la protección y cumplimiento de las citadas normas deontológicas.

De aquí la importancia de que determinadas profesiones, sobre todo en el ámbito jurídico, dispongan de Colegios Profesionales que no sólo ostentan la representación y defensa de la profesión ante la Administración, Instituciones, Tribunales, Entidades y particulares, sino que también velan por la ética y la dignidad profesional y por el respeto debido a los derechos particulares, ejerciendo la facultad disciplinaria en el orden profesional y colegial.

Son los Colegios Profesionales de Graduados Sociales en toda España los que impedirán la competencia desleal entre los Colegiados y evitarán el intrusismo entre otras muchas funciones.

Los Colegiados no pueden ampararse en desconocimiento de las normas deontológicas en el caso de incumplimiento ya que han jurado cumplirlas. Por ello su inobservancia constituye una infracción disciplinaria que puede desembocar en los casos más graves en la pérdida de la condición de Colegiado y por lo tanto en la imposibilidad de ejercer la profesión.

Entre los principios fundamentales del Código Deontologíco se encuentran la independencia, integridad, dignidad, interés del cliente, secreto profesional, incompatibilidades, responsabilidad social e inviolabilidad en sus actuaciones ante la Administración que ampara su libertad de expresión y el derecho a la defensa.

En las relaciones entre Graduados Sociales deben destacar la integridad, la veracidad, la lealtad y el respeto mutuo. Deberán actuar siempre bajo su nombre y apellidos sin encubrir con su actuación o con su firma comportamientos ilegales o contrarios a los deberes profesionales ni actividades intrusistas de cualquier tipo.

En relación con los clientes el Graduado Social debe conducirse siempre con decoro, dignidad y profesionaldiad. Y aunque parezca de puro sentido común, es imprescindible que el profesional ponga a disposición de su cliente la dedicación necesaria para la adecuada gestión de los asuntos que se le encarguen.

En el Código Deontológico tiene un lugar destacado el deber de guardar el secreto profesional y hacerlo respetar a sus empleados con respecto al desarrollo de su actividad profesional. Y esta obligación se mantiene en el tiempo, incluso después de haber cesado en la prestación de sus servicios.

En definitiva, considero personalmente que la falta de ética en el desarrollo de una profesión además de las correspondientes sanciones disciplinarias como ya he explicado tiene unas consecuencias negativas entre las que destaco las siguientes:

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